El beso perfecto (segunda parte).
"Hola Bonita:
Vine a verte , pero nuevamente no estabas. ¿Dónde te metes? tengo algo muy bueno qué contarte. Espero me llames.
Te ama: Arturo".
Arrojó el papel por debajo de la puerta. Hacia meses que Mirna, su exnovia, esquivaba cualquier contacto con él. Cansada de la vida errante de un fotógrafo decidió iniciar una relación con un corredor de bolsa. Arturo pensaba que no era feliz así que no cejaba en su intento por tener noticias de ella.
Volvió a su casa caminando. En varias ocasiones pensó en capturar a la primer pareja que encontrara, pero decidió esperar a saber más de su extravagante cliente.
Encontró toneladas de información sobre la vida del anciano en Internet: uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de innumerables medios de comunicación. La posesión de uno de ellos (una revista de nota roja) causó el rompimiento definitivo con sus dos hijos quienes lograron, tras un largo litigio, quedarse con la administración de la publicación. Escuchó un grito en la calle :
-"Juliaaaa, no te vayas".
Un joven en uniforme de secundaria corría tras una muchacha. Ella se detuvo delante de él y se miraron fijamente.
Arturo pensó que no había mejor beso que el de la inocencia, tomó su cámara y a toda velocidad bajó las únicas escaleras que lo separaban de la entrada del edificio. Colocó el lente de aumento y enfocó hacia donde los labios de los jóvenes estaban a punto de unirse. En ese momento entraba un hombre a la tienda de antigüedades en el otro lado de la acera. Lo que llevaba en las manos heló su sangre...
Era la réplica de una escultura de Rodin: el beso.
"Hola Bonita:
Vine a verte , pero nuevamente no estabas. ¿Dónde te metes? tengo algo muy bueno qué contarte. Espero me llames.
Te ama: Arturo".
Arrojó el papel por debajo de la puerta. Hacia meses que Mirna, su exnovia, esquivaba cualquier contacto con él. Cansada de la vida errante de un fotógrafo decidió iniciar una relación con un corredor de bolsa. Arturo pensaba que no era feliz así que no cejaba en su intento por tener noticias de ella.
Volvió a su casa caminando. En varias ocasiones pensó en capturar a la primer pareja que encontrara, pero decidió esperar a saber más de su extravagante cliente.
Encontró toneladas de información sobre la vida del anciano en Internet: uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de innumerables medios de comunicación. La posesión de uno de ellos (una revista de nota roja) causó el rompimiento definitivo con sus dos hijos quienes lograron, tras un largo litigio, quedarse con la administración de la publicación. Escuchó un grito en la calle :
-"Juliaaaa, no te vayas".
Un joven en uniforme de secundaria corría tras una muchacha. Ella se detuvo delante de él y se miraron fijamente.
Arturo pensó que no había mejor beso que el de la inocencia, tomó su cámara y a toda velocidad bajó las únicas escaleras que lo separaban de la entrada del edificio. Colocó el lente de aumento y enfocó hacia donde los labios de los jóvenes estaban a punto de unirse. En ese momento entraba un hombre a la tienda de antigüedades en el otro lado de la acera. Lo que llevaba en las manos heló su sangre...
Era la réplica de una escultura de Rodin: el beso.
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