El beso perfecto (Primera parte)
Tenía dudas. Prendió un cigarrillo mientras esperaba en la antigua sala de estar. ¿Para qué querría un multimillonario a un fotógrafo profesional?.
Un retrato personal, eso debía ser. El poder conducía tarde o temprano a la egolatría. Miró su larga barba en el reflejo del cristal que protegía un diploma escrito en inglés.
-"Adelante por favor". Se arrastró una voz desde el interior del despacho.
Apagó el cigarro, se arregló el cabello largo y poniéndose el estuche de la cámara en el hombro entró al elegante privado.
-"Espero no le haya molestado la espera, el tiempo es un bien precioso que no poseo en abundancia".
-"No es difícil imaginarlo".
-"Se preguntará porqué lo he mandado llamar. Bien, intentaré ser directo. Como es evidente no soy un hombre joven. En todos estos años mis ojos han visto las imágenes más bellas que el mundo puede ofrecer. Atardeceres derramándose sobre el Taj Mahal, amaneceres en África, mágicas madrugdas en París". Los ojos del anciano miraron hacia el cielo, prosiguió :
-"Usted está aquí para traerme la única escena de la que no he sido testigo -garraspeó- , quiero que busque en toda la ciudad, en todo el mundo si es necesario un beso perfecto, que lo fotografíe y me lo traiga".
-"¿Un beso?".
-"¿Suena raro cierto?, pero le aseguro que si trae para mí el beso perfecto, nunca más necesitará tomar una fotografía por dinero".
-"¿Cuánto tiempo tengo?".
-"El necesario. Cuando tenga la imagen se dará cuenta que fue el beso el que lo encontró a usted".
Se despidieron rápidamente.
El anciano no era egocéntrico, estaba completamente chiflado, o de plano había resultado lo suficientemente morboso para pagar por fotos de parejas besándose.
Tomó un autobús riendo de sus propios pensamientos.
Veinte minutos después bajó delante de un edificio blanco, tocó el timbre 302, su corazón se aceleró.
Tenía dudas. Prendió un cigarrillo mientras esperaba en la antigua sala de estar. ¿Para qué querría un multimillonario a un fotógrafo profesional?.
Un retrato personal, eso debía ser. El poder conducía tarde o temprano a la egolatría. Miró su larga barba en el reflejo del cristal que protegía un diploma escrito en inglés.
-"Adelante por favor". Se arrastró una voz desde el interior del despacho.
Apagó el cigarro, se arregló el cabello largo y poniéndose el estuche de la cámara en el hombro entró al elegante privado.
-"Espero no le haya molestado la espera, el tiempo es un bien precioso que no poseo en abundancia".
-"No es difícil imaginarlo".
-"Se preguntará porqué lo he mandado llamar. Bien, intentaré ser directo. Como es evidente no soy un hombre joven. En todos estos años mis ojos han visto las imágenes más bellas que el mundo puede ofrecer. Atardeceres derramándose sobre el Taj Mahal, amaneceres en África, mágicas madrugdas en París". Los ojos del anciano miraron hacia el cielo, prosiguió :
-"Usted está aquí para traerme la única escena de la que no he sido testigo -garraspeó- , quiero que busque en toda la ciudad, en todo el mundo si es necesario un beso perfecto, que lo fotografíe y me lo traiga".
-"¿Un beso?".
-"¿Suena raro cierto?, pero le aseguro que si trae para mí el beso perfecto, nunca más necesitará tomar una fotografía por dinero".
-"¿Cuánto tiempo tengo?".
-"El necesario. Cuando tenga la imagen se dará cuenta que fue el beso el que lo encontró a usted".
Se despidieron rápidamente.
El anciano no era egocéntrico, estaba completamente chiflado, o de plano había resultado lo suficientemente morboso para pagar por fotos de parejas besándose.
Tomó un autobús riendo de sus propios pensamientos.
Veinte minutos después bajó delante de un edificio blanco, tocó el timbre 302, su corazón se aceleró.
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