Cenit.
Después de la cresta del deseo viene el derrumbe.
Prendido de tu cuerpo en el naufragio. Destierro espiral del hedonismo.
Frágil; como la noche que se dibuja sobre tus ojos enhiestos.
viernes, 7 de noviembre de 2008
viernes, 31 de octubre de 2008
Beso noventaidós
Definiciones.
La verdadera tristeza es tener la certeza de que existes, acompañada irremediablemente de la certeza de no poder probar tus labios.
La verdadera tristeza es tener la certeza de que existes, acompañada irremediablemente de la certeza de no poder probar tus labios.
martes, 21 de octubre de 2008
Beso noventaiuno
Asilo.
Ayer la conociste, justo después de la clase de yoga, portando su elegancia atemporal, rodeada de familiares a los que ya no volverá a ver.
Sacudió hasta la última fibra de tu oxidado entusiasmo.
Sacaste esa camisa blanca que trajiste al asilo ("¿pero para qué la vas a querer papá? ¿por qué no te llevas algo más cómodo?"), miraste en el espejo tus paisajes de plata y sonreiste.
Bajaste por las escaleras haciendo malabares con el destino, intentando arrebatar a la incertidumbre un encuentro furtivo.
Ahora la miras, es tan lejana, y a la vez es la mujer en todas las mujeres que amaste.
-"Hola".
Ayer la conociste, justo después de la clase de yoga, portando su elegancia atemporal, rodeada de familiares a los que ya no volverá a ver.
Sacudió hasta la última fibra de tu oxidado entusiasmo.
Sacaste esa camisa blanca que trajiste al asilo ("¿pero para qué la vas a querer papá? ¿por qué no te llevas algo más cómodo?"), miraste en el espejo tus paisajes de plata y sonreiste.
Bajaste por las escaleras haciendo malabares con el destino, intentando arrebatar a la incertidumbre un encuentro furtivo.
Ahora la miras, es tan lejana, y a la vez es la mujer en todas las mujeres que amaste.
-"Hola".
Beso noventa
Oda general.
Tienes tantos nombres y a la vez yaces anónima en el prado del deseo.
Eres tantas manos y a la vez se me escapa tu tacto en las aguas del tiempo.
Universal y específica.
Paradójica y cierta.
En la frontera de la razón me robas el cuerpo y lo regresas impregnado de un rabioso anhelo por tus besos.
Infame y piadosa.
Última e invisible.
Tienes tantos nombres y a la vez yaces anónima en el prado del deseo.
Eres tantas manos y a la vez se me escapa tu tacto en las aguas del tiempo.
Universal y específica.
Paradójica y cierta.
En la frontera de la razón me robas el cuerpo y lo regresas impregnado de un rabioso anhelo por tus besos.
Infame y piadosa.
Última e invisible.
jueves, 16 de octubre de 2008
Beso ochentainueve
Diabólico.
La luz artificial proyectaba su espigada figura infinita sobre las losas.
Se alejó del balcón con su tristeza de diablo, enjugando lágrimas de sus incandescentes ojos azules.
Ella lo miraba complacida; con un beso había vencido a Satanás.
La luz artificial proyectaba su espigada figura infinita sobre las losas.
Se alejó del balcón con su tristeza de diablo, enjugando lágrimas de sus incandescentes ojos azules.
Ella lo miraba complacida; con un beso había vencido a Satanás.
lunes, 6 de octubre de 2008
viernes, 26 de septiembre de 2008
Beso ochentaisiete
La actriz (II).
¿Cómo sería la muerte?. No era la primera vez que lo pensaba.
En el cine, justo después de los avances la sala se llenaba de oscuridad. "Así es la muerte" se repitió en silencio una y otra vez.
Los primeros días sus pocos cercanos reales (y los muchos de ocasión) lo visitaban maquillando su tristeza.
Después, la soledad fue su compañera. Cerraba los ojos e imaginaba que el repique del medidor de pulso era la cuenta regresiva previa a una cinta: tres , dos , uno y siempre al final de la espiral de números aparecía ella, impoluta, misteriosa, nueva.
Un día por la puerta de su cuarto apareció un doctor barbado de enormes ojos azules.
-"A usted no lo había visto".
-"Pues yo te conozco desde hace mucho".
Su alma se llenó de paz.
-"Llévame al cine".
-"A eso vengo".
Lo tomó de la mano y se levantó de la cama. Sintió sus piernas fuertes como nunca, caminaba casi flotando por la habitación. Una intensa luz se colaba por los resquicios de la puerta hacia el pasillo. Al abrirla encontró una sala lista para proyectar una película, tomó asiento.
Al correrse el telón apareció ella, angelical, silenciosa; lo miró a los ojos. Ambos sonrieron.
***
-"¿Hora de la muerte?".
-"Veintidós veinte doctor".
¿Cómo sería la muerte?. No era la primera vez que lo pensaba.
En el cine, justo después de los avances la sala se llenaba de oscuridad. "Así es la muerte" se repitió en silencio una y otra vez.
Los primeros días sus pocos cercanos reales (y los muchos de ocasión) lo visitaban maquillando su tristeza.
Después, la soledad fue su compañera. Cerraba los ojos e imaginaba que el repique del medidor de pulso era la cuenta regresiva previa a una cinta: tres , dos , uno y siempre al final de la espiral de números aparecía ella, impoluta, misteriosa, nueva.
Un día por la puerta de su cuarto apareció un doctor barbado de enormes ojos azules.
-"A usted no lo había visto".
-"Pues yo te conozco desde hace mucho".
Su alma se llenó de paz.
-"Llévame al cine".
-"A eso vengo".
Lo tomó de la mano y se levantó de la cama. Sintió sus piernas fuertes como nunca, caminaba casi flotando por la habitación. Una intensa luz se colaba por los resquicios de la puerta hacia el pasillo. Al abrirla encontró una sala lista para proyectar una película, tomó asiento.
Al correrse el telón apareció ella, angelical, silenciosa; lo miró a los ojos. Ambos sonrieron.
***
-"¿Hora de la muerte?".
-"Veintidós veinte doctor".
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